Las semillas y su germinación

Si disponemos cien macetas con sustrato y sobre cada una de ellas ponemos una semilla de trigo, cebada, maíz, lenteja, alubia, melón, o cualquier otra planta cultivada, veremos que –salvo alguna excepción- todas las semillas germinan y nos dan una nueva planta. Ahora bien, si repetimos la operación con semillas de plantas “silvestres” no sucede lo mismo; es decir, muchas semillas no germinan aun cuando les hemos puesto el mejor sustrato, las hemos regado etc. Ello se debe a que las plantas cultivadas han pasado un proceso de selección por parte del ser humano desde que hace unos 12.000 años, cuando “inventó” una actividad que denominamos agricultura; y gracias a ella los clanes familiares dejaron de ser nómadas y se convirtieron en sociedades sedentarias; y es cuando aparecen los primeros asentamientos humanos, germen de lo que hoy son los pueblos y ciudades.

El ser humano tiende a la uniformidad, mientras que la naturaleza tiende hacia la biodiversidad. Los motivos por los cuales una semilla silvestre no germina cuando es sembrada pueden ser analizados en otro momento, pero hoy intentaré comentar algunos métodos para mejorar la germinación de semillas cuya capacidad de germinación es reducida, o dispersa en el tiempo.

Lo primero sería decir que la semilla debe estar limpia de todo resto de pulpa del fruto, esto afecta principalmente a las semillas de frutos carnosos, como es el caso de un tomate. Las semillas no germinan dentro de los frutos, la presencia de restos pulpa actúan de inhibidor de la germinación. Lo que se debe hacer es abrir el fruto sacar las semillas y en un colador al grifo, lavar bien las semillas. Importante, luego se secan con papel de cocina y se pueden guardar todo el tiempo que se quiera hasta la siembra.

Muchas semillas de plantas silvestres disponen de gruesas cubiertas que le permiten aislarse del medio ambiente durante años, conservando intacta su capacidad de germinación. Para conseguir que germinen cualquier manipulación que se haga alterando las cubiertas será útil para conseguir la entrada de agua dentro de la semilla y favorecer la tasa de germinación.

A continuación, os comento algunos métodos útiles para favorecer la germinación de esas semillas “perezosas”. Lo primero y como norma general las semillas se pondrán en un recipiente con agua entre 24 y 48 horas antes de la siembra. Si se alarga más este periodo de tiempo podemos perjudicar a las semillas. Lo que se consigue con este procedimiento es hidratar las semillas y favorecer su germinación. Es como cuando se ponen los garbanzos secos con agua para hacer un cocido; al cabo de un rato los garbanzos se hinchan, el agua desaparece y las semillas (garbanzos) son mucho más gruesos y blandos. Ojo, porque la semilla se reblandece y hay que manejarla con cuidado.

Si la cantidad de semillas en pequeña, se puede lijar la cubierta de las semillas con una lija muy fina del tipo “lija de agua” y sin apretar en exceso; así se favorece la entrada de agua en la semilla. Si el tamaño de la semilla es manejable, también se pueden hacer incisiones con el filo de un cuchillo, o navaja afilada, en sentido longitudinal de la semilla, para favorecer la entrada de agua.

También se puede calentar agua en un cazo al fuego, cuando la temperatura del agua sea de unos 50 grados centígrados, se tiran las semillas dentro del cazo y se saca éste de la fuente de calor; se deja todo el día con las semillas en el agua y se siembra al día siguiente. Es una forma de reblandecer las cubiertas de las semillas y favorecer la germinación.

Otra forma de alterar las cubiertas de las semillas es con el uso de métodos químicos, como por ejemplo el uso del ácido carbónico presente en las bebidas de cola. El método consiste en sumergir las semillas en un recipiente que contenga bebida de cola (recién destapada); y dejar allí las semillas varias horas, aunque también puede ser un día entero. Cuando sacamos las semillas es importante lavar bien las semillas en un colador con agua para eliminar los restos del ácido carbónico y se siembran acto seguido.

Lo que es importante es mantener húmeda la tierra donde se ha hecho la siembra; pero no hay que encharcar, porque tendría efectos nocivos por la ausencia de aire, sólo hay que mantener la humedad en la tierra.

Hasta aquí cuento. Pero pensad que plantas con flores hay más de 250.000 especies; lo que sirve para una, en ocasiones no sirve para otra. En la Naturaleza no hay reglas de oro, todo cambia en función de los muchos factores que intervienen. Se puede ir cambiando los tiempos de los tratamientos en función de la dureza de la semilla que tengáis e id probando. La vida no es más que una sucesión de ensayos de: prueba, error y corrección de errores. Y sobre todo, mucha paciencia, las semillas germinarán cuando ellas quieran… y pueden pasar varias semanas, o meses, hasta que deciden germinar.

Dr. Enrique Sanchis Duato
Universitat Politècnica de València

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