Es hora de comenzar a valorar un bien precioso que la naturaleza nos ofrece de manera espontánea, desde el preciso momento de la creación del ser humano: las plantas.

Valorar la utilidad de las plantas en sus distintas vertientes es un reto para la humanidad.

Las plantas, desde la más humilde a la más compleja, comprenden un enorme capital en valores nutricionales, medicinales, ornamentales, paisajísticos, climáticos, ecológicos… Sin embargo, han sido los valores industriales y crematísticos aquellos que mayor atención han recibido por parte del ser humano.

Una parte de la humanidad se ha dejado seducir y ha generado excedentes agrícolas forzando la producción con el objeto de lograr aumentar los beneficios pecuniarios. Para ello ha maltratado el entorno natural en general y a las plantas en particular, haciendo un uso excesivo o indebido de algunos de los procedimientos de cultivo.

Se hace necesario romper las barreras y extender los límites de los esquemas que se han establecido en esta sociedad consumista y que parece obviar los perjuicios que ocasiona el consumo de alimentos procedentes de organismos genéticamente manipulados, herbicidas, insecticidas, etc., etc., que en ocasiones producen daños irreparables tanto al ser humano como al propio entorno natural, y de una magnitud inesperada.

Sin embargo, ésta naturaleza que, sufriendo en silencio ha estado siempre al servicio de la humanidad, ahora necesita ser conservada, mejorada y recuperada de la exhaustión en la que se halla sumida.

Reparar tamaña devastación no es una empresa facil, como tampoco lo es reconducir los procedimientos agropecuarios hacia una economía sostenible. Más, este empeño debemos verlo no solo como un deber, también es un desafío a la cultura de la que procedemos y en la vivimos y la que desenvolvemos.

Por fortuna no estamos huérfanos. Podemos volver la vista hacia los procedimientos, conocimientos y tradiciones de nuestros mayores.

Todavía nos resulta familiar la costumbre de salir a coger espárragos en primavera y setas en otoño. Quizás sean costumbres familiares heredadas desde tiempos inmemoriales, aquellos en los que la economía de la familia dependía casi exclusivamente de la caza y de la recolección.

En consecuencia, podemos volver la vista sobre nuestros ancestros, aprendiendo de su sabiduría, de sus habilidades y de sus tradiciones, de aquellas costumbres que a través de los tiempos han lograron perpetuarse y que aún mantienen el interés potencial que se debe a la usanza.

El hombre, siempre dependiente de la naturaleza, ha sabido observar e ir aprendiendo como servirse de ella, en función de sus necesidades, para su cuidado y subsistencia; y como no podía ser menos, también para el cuidado de su salud.

Ta vez, en ese correr al que cada día obliga el tiempo, el ser humano olvidó el propósito de su vida, el de la naturaleza que le rodea y, por ende, las obligaciones que con la misma conlleva.

Hoy en día hay asociaciones constituidas por personas amantes de la naturaleza, y por tanto de las plantas, que se esfuerzan en recuperar aquellos valores aparcados y casi olvidados, que nos recuerdan las tradiciones de nuestros mayores y los recursos que les ofrecían las plantas cuando sus medios eran escasos.

La Asociación Valenciana de las Plantas Medicinales tiene entre sus objetivos recordarnos ese bien tan precioso que se halla al alcance de nuestras manos, el cuidado de las mismas, pues se pueden obtener de manera espontánea y sencilla, sin someterlas a procesos agresivos para el medio ambiente, para las plantas o para el ser humano, tampoco ocasionan gasto de energía, ni consumen productos derivados de la industria del petróleo, y esto sin olvidar las propiedades curativas o nutritivas que muchas de ellas nos ofrecen.

También son de plena actualidad los estudios científicos que corroboran las grandes posibilidades que las plantas ofrecen para proteger y mantener la salud de las personas, e incluso recuperarla si es que se ha perdido.

Es importante divulgar estos beneficios, así como valorar y recuperar la sabiduría tradicional, e impedir que se vea atrapada por los intereses de las grandes empresas transnacionales.

También se puede prever el considerable volumen de recursos económicos que no obedeciendo a intereses de los grandes grupos económicos, permanecerían en las comunidades territoriales y podrían ser reasignadas a educación, personas en riesgo de exclusión, infraestructuras o sanidad, por señalar algún ejemplo.

Ha llegado el momento en el que se hace necesario integrar la sabiduría ancestral con la ciencia moderna, patrimonio ambas de las nuevas generaciones, pues solo de esta manera se podrá preservar el sistema natural tal y como fue establecido por las necesidades de las especies a lo largo de la creación de nuestro maravilloso planeta.

Este objetivo nos permitiría a todos sentir el deleite estético que facilita la coherencia de nuestra propia naturaleza cuando se integra con el entorno natural.

En estos tiempos convulsos, la vuelta al origen de nuestra existencia nos puede ayudar a preservar la propia esencia individual, pero también los aspectos sociales y culturales que han permitido la altura moral, intelectual y espiritual que como especie hemos alcanzado.